ESTA ES LA CRONICA O ESCRITO DE LOS ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MEDELLIN
Pasando por La Pesca
El universo de los aromas labra en cada quien un mapa mental que marca para siempre los
recuerdos como zanjas en el cerebro y tal vez como producto de la modorra del viaje y el
polvo del camino, surgió como un látigo el innegable contraste entre la tosquedad del
trayecto de olor a gasolina, con la respiración húmeda y pesada del imponente río; no hubo
duda, era el Magdalena.
Y como pueriles infantes sonreíamos al atravesar el río en el ferry, tratando de inmortalizar
el instante en miles de obturaciones fotográficas, como si ello fuera más importante que la
fuerza del recuerdo que se iniciaba a constituir en nuestros cuerpos. Frente a proa, a la
margen derecha del río, aumentaba la sombra de La Sierra sobre la corriente agua al
atardecer y mientras el bote se acercaba, aquellos pasajeros locales esperaban pacientes el
arribo a la orilla, llevando consigo la humildad endémica en sus rostros curtidos por el sol,
sus descamisados torsos y su vocabulario burlón y sonriente. El sol del ocaso tendía sus
suaves destellos frente a nosotros y como símbolo silente de la economía y las fuerzas de
las manos extractivas, descansaba sobre un pilar del ferry una pala, a la espera de los negros
brazos que la hundieran en la tierra inmóvil para la creación de la riqueza o la desgracia.
En muchas ocasiones la prepotencia de la academia, ciega la comprensión vernácula de la
tierra a la cual se han aferrado desde antiguas épocas sus habitantes. Por más libros
engullidos en las aulas y en los claustros, jamás se igualará la sabiduría y práctica que un
ribereño puede desplegar en un instante, pues en el Magdalena y el Nare, no sólo corren las
aguas manadas del corazón de la madre tierra, también lo hacen las corrientes de la Historia
que con susurros insensibles, nos dicen que sobre él camina la vida y la muerte, los anhelos
y esperanzas, el fracaso y la victoria y que con la simple vida en sus riberas también se
contribuye al futuro de sus gentes y se ratifica una vez más ese sustrato cultural que se
niega a irse con el río. Vivir allí es otear el presente y el futuro desde la estructura del
pasado.
Más adelante de La Sierra, en un camino que dura un instante, descansa tranquilamente La
Pesca, que vigilante junto al Nare, ve pasar también sus aguas que sin permiso se inoculan a
las del Magdalena río abajo. Parece de locura cambiar de soberbios ríos en tan sólo un
parpadeo, pero la fulgurante naturaleza es dinámica e inquieta y proporciona abundantes y
majestuosos paisajes dignos de postales, que resaltan la insignificancia del ser humano ante
tan maravillosas proporciones.
Las canoas descansan ondulantes en la orilla a la espera de la subienda o de un curioso
visitante, mientras la estridencia de la música nos recuerda que la cultura de río sólo acepta
discursos contundentes y que niega a los timoratos y dudosos. Pronto el viajero se ve
envuelto en el sopor de las sonrisas y de los blanquecinos dientes que invitan al refresco y a
planear la vuelta en un futuro.
Contrariando las corrientes del Nare, se atraviesan los vestigios que sustentan las bases de
su historia; la vía del ferrocarril pasa desafiante sobre el río y adelante, las cascadas
cristalinas lamen las paredes de las rocas en una formación geológica más antigua que el
Hombre mismo. Gaticos es su nombre y la fuerza con que caen las aguas en los cuerpos, es
como una advertencia de la fragilidad humana frente al magno evento natural.
Río abajo, los motores de los botes rugen más tranquilos y se retorna a la calma de La
Pesca y a sus suculentas mesas, donde se recargan energías para contemplar de nuevo, antes
del retorno, otro atardecer sobre las aguas que nunca volverán.
Otra vez el ferry y ya La Sierra se aleja tras su popa. Ese aire reticente que rebosó nuestros
pulmones, es el que nos hace sonreír con el recuerdo ahora en la ciudad. No nos fuimos de
aquella tierra, nos trajimos un pedazo, que es diferente, y con el placer de la memoria fresca
lanzamos un simbólico saludo, que más que una cortesía es el compromiso del retorno a los
brazos amables de sus gentes y a los aromas perpetuos de su historia y su añoranza.
HSB
Universidad Nacional de Colombia
Marzo 28 de 2010