Abr
05
2010

***HISTORIADORES A TU HISTORIA***

Historiadores  a  tu historia

 

Hablar de historia es hablar de uno mismo, sabes cual es tu verdadera historia?

Elkin Ramírez de la agrupación antioqueña KRAKEN tiene una canción titulada todo hombre tiene su historia, SANGRE VERDE, afirma que todo lo que ha sido, es y será tiene su fundamento en la historia donde no esta escrito aun la verdadera historia.

 Ojala mediten en esta paradoja y opinen al respeto.

 Ablando de registros anteriores les contamos que tuvimos el privilegio de ser visitados por los estudiantes de historia de la Universidad Nacional de Medellín, en donde los Ecologistas de SANGRE VERDE muy sabiamente ya les tenían organizado un paquete ecoturístico y cultural que incluía historiador, guías, servicio de alimentación, estadía y transporte fluvial hacia la hermosa reserva natural gatitos del municipio de Puerto Nare.

Aunque fue limitado el tiempo para tan grata visita, logramos disfrutar a través de la historia del magdalena medio y los hermosos paisajes un día muy agradable.

También  hubo tiempo para realizar platicas acerca de la importancia de leer sabiamente los registros guardados en las piedras, árboles, agua y cuanto mas en nosotros mismos, descubriendo así la sabiduría oculta que habita en cada ser viviente mediante la creación de los cuerpos existenciales del ser.

Fueron enseñanzas muy superiores que dejaron atónitos a mas de uno, estamos dispuestos con el mayor de los gustos a enseñarles la historia que aun no esta escrita y es de gran beneficio para todos.

Los esperamos muy pronto en estos hermosos lugares para que visitemos las cavernas del Nus, quebrada la zona, balsamito, hacienda la bufa Lera y la cabecera municipal.

 Historiadores a tu historia

Esperamos la cronica de la UNAL y las fotos que quieran que se publiquen.

Hasta pronto.

 

 
 
 
 ESTA ES LA CRONICA O ESCRITO DE LOS ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MEDELLIN

 

 

 

Pasando por La Pesca

El universo de los aromas labra en cada quien un mapa mental que marca para siempre los

recuerdos como zanjas en el cerebro y tal vez como producto de la modorra del viaje y el

polvo del camino, surgió como un látigo el innegable contraste entre la tosquedad del

trayecto de olor a gasolina, con la respiración húmeda y pesada del imponente río; no hubo

duda, era el Magdalena.

Y como pueriles infantes sonreíamos al atravesar el río en el ferry, tratando de inmortalizar

el instante en miles de obturaciones fotográficas, como si ello fuera más importante que la

fuerza del recuerdo que se iniciaba a constituir en nuestros cuerpos. Frente a proa, a la

margen derecha del río, aumentaba la sombra de La Sierra sobre la corriente agua al

atardecer y mientras el bote se acercaba, aquellos pasajeros locales esperaban pacientes el

arribo a la orilla, llevando consigo la humildad endémica en sus rostros curtidos por el sol,

sus descamisados torsos y su vocabulario burlón y sonriente. El sol del ocaso tendía sus

suaves destellos frente a nosotros y como símbolo silente de la economía y las fuerzas de

las manos extractivas, descansaba sobre un pilar del ferry una pala, a la espera de los negros

brazos que la hundieran en la tierra inmóvil para la creación de la riqueza o la desgracia.

En muchas ocasiones la prepotencia de la academia, ciega la comprensión vernácula de la

tierra a la cual se han aferrado desde antiguas épocas sus habitantes. Por más libros

engullidos en las aulas y en los claustros, jamás se igualará la sabiduría y práctica que un

ribereño puede desplegar en un instante, pues en el Magdalena y el Nare, no sólo corren las

aguas manadas del corazón de la madre tierra, también lo hacen las corrientes de la Historia

que con susurros insensibles, nos dicen que sobre él camina la vida y la muerte, los anhelos

y esperanzas, el fracaso y la victoria y que con la simple vida en sus riberas también se

contribuye al futuro de sus gentes y se ratifica una vez más ese sustrato cultural que se

niega a irse con el río. Vivir allí es otear el presente y el futuro desde la estructura del

pasado.

Más adelante de La Sierra, en un camino que dura un instante, descansa tranquilamente La

Pesca, que vigilante junto al Nare, ve pasar también sus aguas que sin permiso se inoculan a

las del Magdalena río abajo. Parece de locura cambiar de soberbios ríos en tan sólo un

parpadeo, pero la fulgurante naturaleza es dinámica e inquieta y proporciona abundantes y

majestuosos paisajes dignos de postales, que resaltan la insignificancia del ser humano ante

tan maravillosas proporciones.

Las canoas descansan ondulantes en la orilla a la espera de la subienda o de un curioso

visitante, mientras la estridencia de la música nos recuerda que la cultura de río sólo acepta

discursos contundentes y que niega a los timoratos y dudosos. Pronto el viajero se ve

envuelto en el sopor de las sonrisas y de los blanquecinos dientes que invitan al refresco y a

planear la vuelta en un futuro.

Contrariando las corrientes del Nare, se atraviesan los vestigios que sustentan las bases de

su historia; la vía del ferrocarril pasa desafiante sobre el río y adelante, las cascadas

cristalinas lamen las paredes de las rocas en una formación geológica más antigua que el

Hombre mismo. Gaticos es su nombre y la fuerza con que caen las aguas en los cuerpos, es

como una advertencia de la fragilidad humana frente al magno evento natural.

Río abajo, los motores de los botes rugen más tranquilos y se retorna a la calma de La

Pesca y a sus suculentas mesas, donde se recargan energías para contemplar de nuevo, antes

del retorno, otro atardecer sobre las aguas que nunca volverán.

Otra vez el ferry y ya La Sierra se aleja tras su popa. Ese aire reticente que rebosó nuestros

pulmones, es el que nos hace sonreír con el recuerdo ahora en la ciudad. No nos fuimos de

aquella tierra, nos trajimos un pedazo, que es diferente, y con el placer de la memoria fresca

lanzamos un simbólico saludo, que más que una cortesía es el compromiso del retorno a los

brazos amables de sus gentes y a los aromas perpetuos de su historia y su añoranza.

HSB

Universidad Nacional de Colombia

Marzo 28 de 2010

  

Written by admin in: General |

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